Hola amigos,





Sobre las 5:30 de la mañana partíamos hacia la nacional II por la carretera de Meco, José Luis, Tino y yo. Íbamos a Gredos con la intención de subir el Moro y dormir en la cima. La mañana (todavía de noche) estaba con el cielo cubierto, cosa que me preocupaba, pero daba igual los planes estaban hechos. A la altura de Barajas nos desviamos por la M 40 para meternos en la N-V hacia Talavera. El viaje transcurría con normalidad, el cielo seguía cubierto. Un poco antes de llegar al cruce de Maqueda mi- ramos al cielo y se veían algunas estrellas, me parece que es un claro entre las nubes. Poco después entre Santa Olalla y Cazalegas, se veían cada vez más claros hasta que se despejó completamente. La alegría de ver Orión perfectamente y pensar que íbamos a tener un tiempo bueno, fue grande.




Llegando a Talavera (pasándonos el desvío) ya se veían las primeras luces del alba, callejeamos un poco, preguntamos por donde podíamos ir a la carretera de Arenas de San Pedro y la encontramos enseguida. Llegando a Arenas comenzaba a salir el sol, la mañana era maravillosa de lo limpio que estaba el cielo. En el pueblo buscamos un bar para desayunar algo y no encon- trábamos ninguno abierto. En la plaza principal había uno abierto y pudimos desayunar. Después salimos de Arenas y por la nacional 502 subimos el puerto del Pico, el paisaje es fantástico, según subíamos vimos tramos de una calzada romana. En la cumbre (1.352m) hay un mirador, continuamos por la 502 buscando el desvío para Hoyos del Espino y durante el trayecto vimos arroyos que desprendían vapor y en algunas laderas había escarcha, eso nos hizo pensar en el frío que íbamos a pasar por la noche en la cima. Pasamos por un cruce que indicaba Venta del Obispo, continuamos hasta Navalsauz, nos habíamos pasado. Paramos para ver el mapa y se empañaron los cris- tales del coche, el sol brillaba puro pero hacía frío. Dimos la vuelta y en el cruce de la Venta preguntamos por el desvío hacia Hoyos, nos indicaron que continuáramos 2 Km. más y lo encontraríamos. Así fue, nos dirigimos por una comarcal que va subiendo por un puerto y arriba se encuentra el parador Nacional de Gredos, después de unos 20 Km. por ésta carretera llegamos a Hoyos del Espino. Según nuestro mapa, desde el pueblo sale una carretera de 12 Km hasta un punto en que se acaba y hay una indica- ción de un Club Alpino. Preguntamos por dicha carretera y nos decidimos hacernos los 12 últimos Km. Íbamos muy contentos contando chistes y cuando estábamos pasando por un campamento que hay en un pinar, alguien comentó la famosa frase; " esto es pan comido" y todos a la vez, ¡¡ hostias el pan!! Llevábamos unos 4 Km así es que decidimos continuar y en el club seguro que encontraríamos. La carretera vá bordeando un valle, nos encontramos con un rebaño de vacas negras, con unos cuernos impresionantes, cortándonos el paso, muy despacio y con los crista- les subidos nos fuimos colando entre el ganado hasta rebasarlo. Por fin se acaba la carretera y llegamos a un aparcamiento, pero allí no había indicios de civilización es- cepto algunos coches. Preguntamos a un grupo de gente que cuanto se tardaba en llegar al Moro y nos dijeron que unas 6 h. Eran casi las 10, dimos la vuelta para comprar el pan y nos volvemos a encontrar con el rebaño esta vez de espaldas y las teníamos que ir adelantando, cosa complicada pues van a su rollo de un lado a otro. Llegamos al pueblo y compramos unos panes y unas barras, de nuevo volvemos, esta vez no están las vacas. En el aparcamiento nos pusimos a colocar la comida, las mantas y sacos en las mochilas. Una vez repartida la carga, que por cierto era algo pesada (agua, latas de conserva para dos días, prismáticos, cámara y los Walkman) abandonamos el coche y nos dirigimos por una ladera acomodada con peldaños de roca. Esta especie de calzada comienza ascendiendo y serpenteando, a la izquierda es un barranco por el que corre un pequeño arroyo y a la derecha es montaña de roca. A estas horas de la mañana (sobre las 10: 30) todavía no da el sol en la calzada. Aproximadamente a los 20 min. de ascender por la calzada de piedra, llegamos a un alto en el que el paisaje cambia, dejamos las piedras y nos encontramos campo abier- to. La mañana (repito) es maravillosa, el cielo completamente limpio, el sol brilla con fuerza y hace una brisa fría pero con las mochilas cargadas y subiendo se soporta bien. Vemos a nuestra derecha el famoso club Alpino, es como un caserón con un bar, está cerrado y tiene pinta de no abrir con frecuencia. Nos encontramos con indicadores de caminos, uno hacia las cinco lagunas, otro a Candeleda y el otro a la Laguna Gran- de, éste último era el nuestro, nos indicaba 3. 5 h. de camino. Nos pusimos en mar- cha siguiendo el camino por campo abierto hasta llegar a un pequeño puente de ce- mento, por el cual corre un arroyo. A partir de ahora el camino es ascendente por la- deras suaves y pequeños prados. Nos vamos encontrando con gente de todas edades y sexo, nuestra marcha es lenta con paradas cortas y los grupos que vemos venir detrás de nosotros nos adelantan pronto. Decidimos que a las 12:00 haríamos una parada mas larga. Llegada la hora paramos a descansar, nos libramos del peso de las mochilas, bebimos un poco de agua e hicimos las primeras fotografías. Estábamos en la mitad de una larga cuesta, el paisaje era relajante, suave, mirando hacia atrás veíamos el camino recorrido y en el lejano horizonte se divisaba un sistema de montañas que deducimos que sería Guadarrama. Mirando hacia delante veíamos como se perdían, los que nos precedían, en lo alto de la cuesta, estábamos deseando llegar allí arriba para ver el nuevo paisaje. Reanudamos la marcha por la cuesta que parecía no tener fin, hasta que llegamos a-rriba, por el mapa comprobamos que nos encontrábamos en Los Altos de Morezón. Aquí el camino ya no es cuesta arriba, a nuestra derecha según avanzamos se vé una gran llanura que se pierde en la lejanía y al frente en el horizonte que forma este alto asoman unos picos abruptos de rocas. El camino por el alto es agradable, miramos ha- cia atrás y ya no podemos ver lo que hemos recorrido debido a la gran extensión que tiene esta especie de meseta. El paisaje está cambiando, según avanzamos nos vamos desviando hacia la derecha y empezamos a ver un profundo barranco por el que corre un arroyo, a duras penas se distingue un diminuto salto de agua, con los prismáticos se vé que es una pequeña catarata. Al frente se alzan los picos rocosos y afilados que cada vez se ven mejor, comentamos que quizás alguno sería El Moro. Todavía no reco- nocimos nada que nos fuera familiar de verlo en fotografías. Minutos después teníamos ante nosotros un gran espectáculo, el Circo de Gredos con la Laguna Grande, desde donde nos encontrábamos la vista es magnífica, se vé una gran hondonada semicircular rodeada de montañas rocosas puntiagudas y en su fondo está la laguna. Ahora sí pude distinguir el Moro, (hicimos unas fotos) estábamos todavía muy lejos pero me alegró verlo por primera vez. La primera impresión que tuve fué, rocoso y agresivo, Tino dijo que no íbamos a poder subir, yo propuse que cuando estuviésemos más cerca decidiríamos. Comenzamos a bajar hacia la laguna por una senda estrecha y serpenteante, es un gran desnivel, aquí el paisaje es salvaje mi expresión fué! Que salvajez ¡ Paso a paso la laguna se vá dejando ver, lo que parecía tan pequeño va ganando tamaño. Llegamos a la laguna y la fuimos bordeando hasta encontrar un sitio, en unas rocas enormes, para hacer un descanso y comer, serían las 13:30. Nos abrimos unas latas y estuvimos disfrutando del agradable paisaje de agua y roca mientras reponíamos fuerzas, también hicimos alguna fotografía. Después de comer seguimos bordeando la laguna, a nuestra derecha el agua y a nuestra izquierda se levanta una gran pared de rocas, era impresionante, mirábamos constantemente hacia arriba, en un momento pudimos ver como aparecían velos de vapor de agua, en la cima de rocas, que contrastaban su transparencia contra el azul intenso del cielo. Terminando de bordear la laguna nos encontramos frente al refugio. Es una casa grande de piedra, tienen radio y TV. pues se ven las dos antenas, nos imaginamos que está protegida, había bastante gente y alrededor varias tiendas montadas. Dejamos la laguna y el refugio y empezamos a subir por unas gigantescas rocas en dirección al Moro. Entre esas grandes peñas corrían chorros de agua que formaban pequeños charcos y lagunitas de agua pura cristalina, en una de ellas hicimos fotografías y tomamos la temperatura del agua, era de 10º. Desde aquí veíamos la gran muralla rocosa del Cuchillar de las Navajas en frente de nosotros y separando el Moro una especie de garganta de piedras rodadas (la portilla bermejo creo).






Tino insistía que allí no se podía subir, yo vi en esa garganta una posibilidad. Veíamos la base del impresionante Moro como se nos acercaba paso a paso. Durante el camino hacia la base tuvimos la suerte de ver tres cabras hispánicas en su hábitat, estaban lejos y a medida que nos acercábamos se iban desviando de nuestro camino. Después de un largo rato subiendo siempre por enormes rocas llegamos a lo que llamamos la base del Moro, desde aquí mirábamos a la cima y era impresionante y por supuesto inaccesible, tan solo quedaba seguir subiendo por la garganta hasta ver las posibilidades. Yo no perdí la esperanza de llegar a la cima y dije que sin correr riesgos subiríamos, pues a eso habíamos venido. La gran mole de roca que teníamos delante nuestro nos impresionó tanto que lo de dormir en la cima lo dejamos. Si el trayecto desde la laguna hasta la base se nos hizo algo pesado, lo que nos quedaba era peor. La garganta era interminable y muy empinada, en un momento de la marcha vimos sobre las rocas montoncitos de piedras (los famosos hitos) ésta señal me era familiar de otra subida, así que me alegré de saber que teníamos el camino señalado hacia la cima y que lo más seguro era que subiríamos. Continuamos subiendo siguiendo los “indicadores”y vimos que un grupo de 10 ó 12 personas venían avanzando hacia nosotros, estaban lejos pero se nos acercaron rápido y nos rebasaron, no llevaban carga, ni siquiera agua, (nosotros demasiado) pues oímos algún comentario. Mas tarde supimos que eran unos jóvenes de Cáceres que estaban de campamento en la laguna y subían al Moro por la vía rápida. Nos encontrábamos rodeando la base sin dejar de subir por grandes rocas y vimos a nuestra derecha una estrecha garganta a modo de chimenea que le faltaba poco para ser vertical, ése era el camino a la cima. Metidos en plena garganta subíamos metro a metro utilizando las rocas como escalones, haciendo continuas paradas y alguna fotografía. A nuestra espalda según subíamos se podía ver parte del Cuchillar de las Navajas iluminado por el Sol con la sombra de nuestro lugar proyectada sobre sus rocas y a medida que ganábamos altura se iban viendo los accidentes montañosos que se encontraban detrás dando al paisaje una sensación de relieve y luz extraordinarios, pues nosotros estábamos inmersos en la sombra de la garganta. Debido a las ganas que teníamos de llegar se nos hacía interminable, por fin la garganta se hace más es- trecha y hacia la derecha se ve el final, arriba el espectáculo es impresionante, es como una gran puerta sin dintel, desde la que puedes ver casi de frente una gran roca alta con una forma peculiar que emerge de un gran barranco, es el famoso Cuerno del Moro Almanzor. A la derecha de la puerta hay una gran pared de roca de unos 15 ó 20m. y arriba está la cima. El grupo que nos adelantó estaba bajando y por asegurarnos si era la cima lo preguntamos, sí era. Bordeamos la pared por sitios algo estrechos buscando los lugares más accesibles para ir subiendo, en un par de ocasiones pasamos un poco miedo, pues el peso de las mochilas hace que pierdas un poco el equilibrio y el barranco que teníamos a nuestros pies impresionaba, pues una caída allí no lo cuentas. Según subimos se ve una grieta ó chimenea que lleva directo a la cima, son los últimos 6 ó 7m. pero es vertical y hay que buscar huecos y sitios para subir, de nuevo las mochilas estorban, así que nos las fuimos pasando y por fin a las 17:30 estábamos en nuestra meta, la cima del Moro Almanzor. Dejamos las mochilas, nos pusimos cómodos y dedicamos unos minutos al relax y la contemplación del paisaje. Tino se puso los auriculares y me los pasó un instante, tenía música sobre espirituales negros, impresionaba escucharla allí arriba, yo me puse un tema de Michael Huygen. La cima propia donde se encuentra el vértice geodésico, queda sepa-rada del risco donde nos encontrábamos por una grieta ó barranco a unos 10 ó 15m de nosotros. El risco es bastante pequeño, el sitio mas llano lo teníamos ocupado con las mochilas desparramadas, luego hay una gran piedra en la que nos sentamos y bajando un escalón hay un lugar donde se pueden cobijar 3ó 4 personas protegidas por unas rocas. La visión es espectacular, por cualquier sitio que te asomes es un precipicio. Decidimos abrir una de cava y comernos unas galletas con chocolate. Eran las 18:00 aprox. y mirar hacia la laguna con las sombras de nuestros riscos proyectadas sobre el Circo, era un gran espectáculo, la laguna se veía como una gran mancha muy oscura. El Sol brillaba con fuerza, le quedaban 2h 30m para ocultarse, se nos ocurrió quedarnos a ver la puesta, ya que lo de dormir lo dejábamos, pero enseguida pensamos (estábamos impresionados) que bajando se nos haría de noche y no nos pareció bien, así que decidimos estar un rato más y luego bajar. Me llamó la atención un fenómeno curioso. El aire que soplaba del SW daba la sensa- ción que venía mas bajo que la cima, chocaba con la pared del precipicio, subía con fuerza y pasaba encima de nosotros sin alcanzarnos. Tumbados en la piedra nos aso- mábamos al precipicio y el aire nos daba con fuerza en la cara. La atmósfera no era transparente pero se distinguían algunos embalses lejanos y más lejano todavía se veía un macizo montañoso que comprobamos con la brújula y era el Peñalara.
Debajo de una roca vimos un paño doblado, lo cogimos y pudimos ver que era una ban- dera de la comunidad de Madrid, la dejamos en su sitio.
Sobre las 18:30 comenzamos a bajar, nos fuimos pasando las mochilas en el primer tramo y con mucho cuidado y sin prisa llegamos a la “puerta” para contemplar de nuevo el Cuerno del Moro. El descenso por la impresionante garganta fue lento, era como ir de escalón en escalón usando las grandes piedras. A medida que bajábamos se iban ocultando las cumbres detrás del Cuchillar de las Navajas y de vez en cuando mirábamos hacia atrás y arriba va quedando la impresionante cima. Llegando a la base se había puesto el Sol y según bajábamos, teníamos al frente y algo a la derecha los Tres Hermanitos, nos paramos un momento y presenciamos un orto de Luna casi llena, cerca de las famosas rocas y con luz de crepúsculo, sensacional. Más de una ocasión estuve a punto de caerme, pues no podía dejar de mirar como la Luna iba desapareciendo y reapareciendo entre las afiladas rocas, mientras bajábamos. Nos encontramos con las cabras aproximadamente en el mismo sitio que las vimos al subir. La luz del crepúsculo era muy débil y decidimos buscar un sitio para pasar la noche, tuvimos la suerte de encontrar en nuestro camino una gran roca dispuesta de tal forma que nos proporcionaba cobijo y techo. Cerca se oía el murmullo de algún pequeño chorro, lo aprovechamos para enfriar el vino. Justo el tiempo de quitarnos las mochilas de encima y acomodarnos, se hizo de noche. Al rato fui a buscar el vino con la linterna y empezamos a cenar, mientras, mirábamos al cielo, estaba un poco brumoso pero se veían las estrellas, nos llamó la atención (a mas de 2.000m) el color amarillo de Arturo y vimos ocultarse el planeta Saturno entre unas afiladas rocas.
Al poco rato el cielo se cubrió y se levantó un poco de aire, pero no tardó en despejarse y pudimos contemplar el Circo con luz de Luna, era impresionante, una noche mágica. Tino dijo que se iba a dormir, así que se metió en el saco y se quedó
en el "campamento” oyendo radio. Jose Luis y yo nos fuimos a dar una vuelta hasta un riachuelo que corría por allí cerca. Nos tumbamos encima de una roca con la cabeza colgando hacia atrás y mirando el circo en posición invertida, daba la sensación de estar viendo un lago de estrellas. Vuelvo a decir que el Circo con la luz de la Luna era espectacular, nos fuimos a dormir sobre las 12:30 y pusimos el despertador a las 7:30. Durante la noche me desperté varias veces y pude ver como avanzaba la Luna progresivamente, era una bonita sensación, pues desde donde yo estaba, el techo de piedra del "campamento” con el horizonte montañoso de Cuchillar solo dejaba ver una estrecha faja de cielo por donde iba la Luna, la última vez que me desperté la pude ver ocultándose por la Portilla Bermejo.Nos despertamos a las 9:30 pues no oímos el despertador. La mañana era maravillosa el Sol brillaba iluminando el Moro, nos fuimos al pequeño chorro a lavarnos, el agua estaba helada, y desayunamos un poco. Rápidamente emprendimos la marcha pues Jose Luis tenía que ir de boda, en un momento llegamos a la laguna la rebasamos y comenzamos a subir los Altos de Morezon. El regreso transcurrió con normalidad, hicimos una parada a comer y llegamos a la plataforma contentos de haber conseguido llegar a la famosa cima. Dijimos que la próxima sería el Mulhacen.